
El término “otoacoustic emissions” (OAE) fue introducido por David Kemp en 1978 tras descubrir que la cóclea humana puede generar emisiones sonoras detectables en el conducto auditivo externo, de manera espontánea o en respuesta a estímulos acústicos (1). Este hallazgo confirmó la existencia de un mecanismo activo en la cóclea, que se correlacionaba bien con la salud del órgano de Corti, y sentó las bases para la desarrollar la tecnología que permitió por primera vez el cribado universal de la hipoacusia neonatal.
En español, los términos emisiones otoacústicas y otoemisiones acústicas han sido usados de manera intercambiable. Sin embargo, el primero es más coherente con las reglas gramaticales al preservar el orden original de las palabras. Emisiones otoacústicas sigue el orden lógico y lingüístico en español para describir un fenómeno donde lo “otoacústico” (relativo al oído y al sonido) es el adjetivo que modifica al sustantivo “emisiones”. Este orden refleja mejor la relación entre el concepto principal (emisiones) y su cualidad específica (otoacústico). En cambio, “otoemisiones acústicas” introduce redundancia semántica, ya que “otoemisiones” ya implica una relación con el oído. De hecho, es habitual que coloquialmente se haga referencia a las “otoemisiones” (eliminando la palabra acústicas) ya que se asume que esta expresión ya contiene toda la información y sirve como nombre simplificado. No olvidemos sin embargo que la señal fundamental que “emite” el oído no es acústica, sino eléctrica a través del octavo par.
La adopción generalizada del término “otoemisiones acústicas” en España parece deberse a una traducción errónea del inglés. Algunos textos académicos y clínicos españoles de los años 80 y 90 utilizaron este término. Autores como Pablo Gil-Loyzaga, Enrique Salesa Batlle (2) y otros contribuyeron a su difusión en obras dedicadas a la fisiología de la audición, las propias emisiones otoacústicas y su aplicación, popularizádose en publicaciones y en el ámbito clínico. Este ha sido desde entonces el término utilizado de manera mayoritaria por los autores de textos originales en español, tanto en España como en hispanoamérica.
Sin embargo, para una mayor precisión terminológica, sería ideal normalizar el uso del término “emisiones otoacústicas“. Este ajuste dentro del ámbito hispanohablante garantizaría consistencia y claridad lingüística, además de respecto al nombre original.
J Granell. 8 dic 2024.
PD. Conocí a David Kemp cuando yo era un muy reciente otorrinolaringólogo y él estuvo en Madrid para hablar de sus OAE. Entonces ya teníamos los primeros equipos clínicos de diagnóstico. Poco después se comercializaron los primeros screeners que hicieron posible por primera vez el establecimiento de programas de cribado universal de la hipoacusia. Por circunstancias, en los primeros años de mi actividad como especialista dediqué una parte importante de mi tiempo a la creación de algunos de los primeros programas de cribado universal de la hipoacusia neonatal en varias áreas del territorio nacional, primero con OAE y más tarde con PEATC automatizados. Algunos siempre tuvimos cuidado de utilizar la traducción correcta (3).
Referencias
1. Kemp DT. Stimulated acoustic emissions from within the human auditory system. J Acoust Soc Am. 1978 Nov;64(5):1386-91. doi: 10.1121/1.382104. PMID: 744838.
2. Salesa Batlle E. Evolución actual del diagnóstico y tratamiento audiológicos. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología. 2007; 27:1-4. DOI: 10.1016/S0214-4603(07)70065-7
3. Granell J, Gavilanes J, Herrero J, Sánchez-Jara JL, Velasco MJ, Martín G. Cribado universal de la hipoacusia neonatal: ¿es más eficiente con potenciales evocados auditivos que con emisiones otoacústicas? Acta Otorrinolaringol Esp, 2008; 59:170-175. PMID: 18447975. DOI: 10.1016/S0001-6519(08)73288-6
Los nombres son importantes
El lenguaje que utilizamos tiene un impacto significativo en cómo comprendemos y transmitimos conceptos. Uno de los retos más comunes surge en la traducción de términos, particularmente del inglés al español, donde se perpetúan errores que distorsionan el significado original o generan confusión. Este blog está dedicado a analizar y reflexionar sobre el uso adecuado del lenguaje técnico en Medicina, con un enfoque particular en corregir nombres y términos que, aunque ampliamente utilizados, necesitan ser revisados para garantizar claridad y precisión.
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