
Durante años hemos trabajado con un nomenclátor que describía razonablemente bien la Otorrinolaringología… de hace veinte o treinta años. Mientras la especialidad evolucionaba (cirugía endoscópica avanzada, cirugía robótica, sialoendoscopia, DISE… y decenas de procedimientos más) el catálogo oficial seguía anclado en otra época.
El resultado era absurdo. Procedimientos que hoy forman parte de la práctica habitual oficialmente no existían. Otros debían codificarse como “lo más parecido”. Y algunos códigos describían técnicas que hoy serían difíciles de justificar. Esto no es solo un problema administrativo. Es un problema de calidad. Lo que no puede codificarse tampoco puede medirse correctamente.
Por eso la publicación del nuevo Nomenclátor 2026 de la OMC supone mucho más que una actualización de códigos. Es el reconocimiento oficial de cómo es realmente la Otorrinolaringología del siglo XXI.
¿Se acabaron los problemas? Ni mucho menos. La siguiente conversación será inevitable: si la codificación refleja por fin la complejidad real de los procedimientos, ¿deberían hacerlo también los baremos? Es un debate pendiente desde hace muchos años. Diversas organizaciones médicas llevan tiempo denunciando que los honorarios de la medicina privada no han seguido siquiera la evolución del IPC durante décadas.
Nadie sabe cómo evolucionará este proceso. Lo que sí parece evidente es que el modelo actual de ejercicio privado en España difícilmente puede mantenerse indefinidamente. El nuevo nomenclátor no cambia eso. Pero, al menos, pone la primera piedra donde había que ponerla: llamar a las cosas por su nombre.
J Granell. 1 de agosto de 2026
El nuevo Nomenclátor entrará en vigor el 1 de enero de 2027. El reloj ya está en marcha. ¿Será tiempo suficiente para alcanzar los acuerdos necesarios?
