¿Hacia el cribado auditivo en adultos?

En los años noventa, la comunidad médica dio un paso decisivo al establecer el cribado auditivo neonatal universal como estándar. Esto supuso un cambio de paradigma: ya no era suficiente identificar a los recién nacidos con factores de riesgo de hipoacusia. La mitad de los recién nacidos con problemas auditivos no eran identificados precózmente y esto tenía consecuencias en el desarrollo cognitivo de los niños. Había que llegar a todos. Gracias a técnicas como las emisiones otoacústicas (EOA), y posteriormente los potenciales evocados auditivos (PEATC) automatizados, se logró establecer programadas de cribado universal para detectar precozmente pérdidas auditivas que habrían condicionado el desarrollo del lenguaje y la integración social​.

Esto es desde hace años un estándar en las sociedades desarrolladas.

El EchoCheck fué un de los primeros equipos automatizados de Emisiones Otoacústicas, que permitieron la implantación de los programas de cribado universal de la audición en neonatos.

Hoy, ese mismo planteamiento vuelve a cobrar relevancia, pero en otro extremo de la vida:
¿Ha llegado el momento de implementar un cribado auditivo sistemático en adultos? Es es lo que plantea un grupo internacional de expertos europeos en un artículo que acaba de publicarse.

¿Por qué ahora?

La presbiacusia —la pérdida auditiva relacionada con la edad— afecta a más de dos tercios de las personas mayores de 60 años. Pero sus consecuencias van más allá de la comunicación: la evidencia científica actual la relaciona con aislamiento, deterioro cognitivo y demencia. De hecho, la Lancet Commission la ha identificado como el principal factor de riesgo modificable para la demencia​

Existen también. obviamente, muchas otras formas de hipoacusia que afectan a los adultos, aunque la presbiacusia es con diferencia la más frecuente.

¿Qué es el cribado y cómo se hace?

Conceptualmente hacer un cribado para una enfermedad es realizar realizar pruebas para identificarla antes de que el paciente consulte por la misma. No es estrictamente una estrategia preventiva, dado que la enfermedad ya está presente, sino preventiva de las consecuencias potenciales de la enfermedad no tratada.

Para que una enfermedad sea susceptible de cribado debe reunir unos requisitos. Deber ser relativamente prevalente (frecuente) y con consecuencias en salud relevantes. Debe existir un método de diagnóstico simple, reproducible, válido y de bajo coste. Debe existir la posibilidad de una intervención precoz que modifique la evolución de la enfermedad, y consenso científico sobre la indicación del cribado.

Se puede plantear un cribado universal, o un cribado dirigido a grupos de riesgo. Por ejemplo, en el caso de la presbiacusia, hacerlo de manera universal a partir de cierta edad, (por ejemplo 50 o 60 años) ó a partir de cierta edad sólo en grupos de riesgo (diabéticos, pacientes cardiovasculares, expuestos a ruido, etc.). Ya hemos recordado al inicio el problema del cribado por grupos de riesgo en la hipoacusia infantil. En el caso de la hipoacusia en adultos deberían incluirse otras variables además de la edad para identificar también otras formas de la enfermedad no asociadas a la edad.

Cuando se habla del cribado de la hipoacusia en adultos se manejan varios métodos de cribado posibles:

  1. Autocribado digital: Apps como hearWHO de la OMS permiten realizar pruebas auditivas autogestionadas desde el móvil o la tablet. Son herramientas accesibles y de bajo coste, aunque con tasas de participación bajas si no se promueven desde entornos sanitarios.
  2. Cribado en atención primaria: Como propone el grupo HEARRING, es posible integrar el cribado en las consultas rutinarias con dispositivos simples que incluyen un cuestionario (HHIE-S, Hearing Handicap Inventory for the Elderly) y un test de Digits-in-Noise. Este modelo mejora la adherencia y permite identificar casos para derivar al especialista​
  3. Gabinetes audiológicos: Aunque no forman parte formal de un sistema público de cribado, muchos gabinetes ofrecen pruebas auditivas gratuitas o de bajo coste a partir de los 55-60 años. Esta práctica, ya extendida en muchos países, representa una oportunidad clara para ampliar el alcance del cribado si se estructura adecuadamente.

Reflexiones sobre el papel de especialista en Otorrinolaringología, los gabinetes audiológicos, y sus inter-relaciones.

Los gabinetes audiológicos tienen un rol potencialmente muy valioso en un futuro modelo de cribado y atención a la pérdida auditiva en adultos. Sin embargo, hay aspectos que deben abordarse con claridad:

  • Equilibrio entre la atención a la salud y la actividad comercial: Aunque los gabinetes comercializan audífonos, su labor no puede entenderse solo como una venta de productos. Prestan un servicio de salud y, como tal, tienen obligaciones éticas y legales. La calidad en la atención, la adecuación de la indicación protésica y la transparencia deben ser ejes fundamentales. Solo así se podrá mantener la confianza de los pacientes y del sistema sanitario.
  • Necesidad de estándares de calidad: Para garantizar que el cribado sea realmente útil y que los pacientes reciban el tratamiento adecuado, los gabinetes deben actuar conforme a protocolos clínicos validados y contar con personal cualificado. La formación continua, la trazabilidad de los resultados y la conexión con los servicios médicos son elementos imprescindibles.

El otorrinolaringólogo debe ser el referente clínico en todos los casos de pérdida auditiva. Es el profesional capacitado para:

  • Determinar el tipo y grado de hipoacusia.
  • Establecer el diagnóstico etiológico.
  • Valorar la necesidad de estudios complementarios (imagen, genética, etc.).
  • Indicar la estrategia de tratamiento más adecuada: observación, adaptación protésica, cirugía, implante coclear, etc.

Por tanto, todo caso detectado en un cribado debe ser valorado previamente por un ORL antes de iniciar cualquier adaptación. Este paso es fundamental para evitar tratamientos inadecuados, omisión de diagnósticos, y retrasos en el manejo de patologías más complejas o más graves.

Por otro lado la hipoacusa debe valorarse no solo por su severidad, sino en el contexto general del paciente y de sus eventuales comorbilidades. La indicación o el grado de necesidad del apoyo protésico dependerán del impacto de la hipoacusia en el paciente, y estarán modulados por estos factores. Esta evaluación global requiere nuevamente un criterio facultativo.

La colaboración con los gabinetes audiológicos debe basarse en:

  • Transparencia: Evitar conflictos de interés y asegurar que las decisiones clínicas no estén influidas por intereses comerciales.
  • Calidad asistencial: Priorizar siempre el beneficio del paciente.
  • Comunicación bidireccional: Establecer canales fluidos para compartir información, recomendaciones y seguimientos. Deben valorarse las circunstancias particulares en cada entorno, dado que se trata de datos personales de salud, que tienen una especial protección legal. Por este motivo, en la práctica, en la mayoría de los casos, es el propio paciente el que actúa como transmisor, lo cual probablemente no es lo mejor.

Una reflexión ética imprescindible

Desde el punto de vista ético, el cribado solo es aceptable si va acompañado de una solución accesible para el problema que detectamos. Identificar un problema que el paciente desconocía y no ponerle solución es generar frustración, ansiedad e inequidad. En la mayoría de los casos la no adaptación tras la recomendación por el especialista ORL se debe a motivos económicos relacionados con el coste de las prótesis auditivas que, salvo situaciones particulares, debe asumir íntegramente el paciente.

Sabemos que la mayoría de los pacientes con hipoacusia identificada serán candidatos a audífonos. Y aquí surge una pregunta clave:

¿Podemos plantear un cribado poblacional si no garantizamos el acceso a las prótesis auditivas para quienes la necesiten?

En la práctica, en un entorno con una cobertura sanitaria universal y gratuita (financiada a través de impuestos), esto significa abrir un debate ineludible: la financiación pública de las prótesis auditivas. Hasta que este acceso no esté garantizado, generalizar el cribado puede resultar más injusto que beneficioso.

No se trata solo de hacer diagnósticos. Se trata de actuar en base al diagnóstico. Y eso exige una estrategia de salud pública que asegure que la solución —el tratamiento audioprotésico— esté disponible para todos los que lo necesiten, independientemente de su situación económica.

Conclusión

El cribado auditivo neonatal transformó la atención a la hipoacusia infantil. Hoy, tenemos la oportunidad de hacer lo mismo con la población adulta. La propuesta del grupo de expertos nos invita a avanzar hacia un modelo inclusivo, eficiente y ético, donde todos —pacientes, médicos, audioprotesistas, instituciones y empresas— se orienten a un mismo objetivo de mejora de la salud.

Porque, efectivamente, escuchar bien no es un lujo, es salud. Pero detectar sin tratar no es ético. De modo que sólo cuando el acceso al tratamiento esté garantizado, el cribado auditivo en adultos tendrá pleno sentido.

J Granell. 18 de abril de 2025.

Referencias

Granell J, Gavilanes J, Herrero J, Sánchez-Jara JL, Velasco MJ, Martín G. Cribado universal de la hipoacusia neonatal: ¿es más eficiente con potenciales evocados auditivos que con emisiones otoacústicas? [Is universal newborn hearing screening more efficient with auditory evoked potentials compared to otoacoustic emissions?]. Acta Otorrinolaringol Esp. 2008 Apr;59(4):170-5. Spanish. PMID: 18447975

Lammers MJ, Raine C, Mertens G, van Rompaey V, Hagen R, Kurz A, Skarzynski PH, Lorens A, Opie J, D’Haese P, Grasso P, Lassaletta L, Calvino M, Anderson I. Towards an adult hearing screening procedure. Braz J Otorhinolaryngol. 2025 Apr 11;91(4):101616. doi: 10.1016/j.bjorl.2025.101616. Epub ahead of print. PMID: 40220484.

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